Ya no los vemos pero, los mantendremos entre nosotros a través del legado que ambos nos dejaron: el del orgullo de pertenecer a una familia.
Haciendo memoria, estoy casi segura de que aproximadamente fue hace 10 años cuando mi padre nos dio el primer susto serio. Desde ese mismo instante, allí estuvimos, junto a mi madre, JUNTOS, UNIDOS. Sí, era cansado, hubo épocas agotadoras pero, mantengo presente en mi memoria las palabras que un enfermero nos dirigió en una ocasión: “Sois una familia como pocas y vosotros estáis consiguiendo que se recupere”
Así fue una y otra vez, susto tras susto. Épocas en las que eran varias las veces al día en las que se sucedían las rondas telefónicas entre nosotros.
Aquello terminó, fue una pausa, no un punto final.
Apenas un respiro y, mi madre, siempre ansiosa y obstinada en valerse por sí misma, tuvo que ir cediendo; pasar a “soportar”, que no a asumir, el que poco a poco ya no podría seguir siendo la que todo lo puede, la esposa y madre enfermera, cocinera de algunas delicias, hábil jardinera, mejor costurera, salvadora de algunos apuros…
Aunque, a su sentir, exigente consigo misma y por ende con los demás, era difícil mantener su nivel, ahí estuvimos, de nuevo, JUNTOS, UNIDOS muy especialmente en este último año. Orgullosos de sentirnos miembros de esta familia a la que pertenecemos: sus hijos, nuestros cónyuges, nuestros hijos y los hijos de éstos. Nietos y biznietos de mi madre que, ahí estuvieron dándole cariño y, cuando se dejaba, arrancándole alguna sonrisa.
Nuevamente las rondas telefónicas, un ir y venir de médicos, un ir y venir de hospital. Sufriendo por ver a mi madre sufrir pero, creedme, feliz, feliz porque todo ello sirvió para algo, para tener claro lo maravilloso que es tener una familia, una familia ASÍ, ¿como pocas? ¿como muchas? no lo sé, pero MI FAMILIA de la que me siento orgullosa de pertenecer. Hermanitos, que esta unión y este orgullo que nuestros padres nos otorgaron, nada ni nadie nos lo arrebate.
Posiblemente éste hubiera sido un buen punto final para mis palabras. Sin embargo no querría pecar de ingrata y no agradeceros a todos los que estáis aquí, y a los que no han podido venir, lo que disteis a mi madre y nos disteis a nosotros mismos:
- Sus vecinos, que os parabais a su encuentro y la teníais en cuenta.
- Sus amigos, que seguisteis llamándola y visitándola aun cuando también era duro para vosotros verla apagarse.
- Nuestros compañeros, conocidos y amigos que también supieron estar a nuestro lado en cada uno de esos y en estos momentos. Amigos que, día a día os hicisteis especiales e importantes en nuestras vidas, fieles y dispuestos a darnos tanto sin otro vínculo que no sea el de la propia y verdadera amistad, de inmenso valor y tan vulnerable a la profanación. Amigos que nos habéis escuchado e incluso nos habéis hecho reír para ayudarnos a aliviar nuestras tensiones y preocupaciones.
- Sus sobrinos, mis primos que, junto con algunos amigos singulares hacen más grande nuestra familia. No dejasteis de mostrarle un cariño excepcional con vuestras llamadas, visitas y atenciones de todo tipo. Lo dicho, mostrando que nuestra familia es grande, grande. La vais a echar de menos, sé que ya la estáis echando de menos. La verdad es que sois unos primos estupendos.
Por supuesto, no sería justo olvidarnos de quien, en este casi último año, estuvo con ella hora a hora, día y noche,… ¿qué podríamos decir de ella? Cuánta paciencia y cuánto amor regalado.
Tengo el convencimiento de que nada de lo que ocurre en nuestras vidas es gratuito. La enfermedad primero de mi padre, después de mi madre, su sufrimiento, no han sido en vano. Nos será difícil dejar de lado la pena y alguna lágrima que, sabremos enjugar si recordamos que ellos nos han ofrecido la oportunidad de descubrirnos a nosotros mismos, sí, he dicho bien, de descubrirnos a nosotros mismos, a nuestra familia y a nuestros amigos.
Aprovechémoslo, mantengámoslo presente y sigamos así, con alegría de vivir con el recuerdo de nuestros padres que nos han otorgado la oportunidad de sentirnos orgullosos y felices de pertenecer a esta GRAN FAMILIA GRANDE.
Confío haber hecho y dicho lo correcto. He llegado hasta aquí, tragando saliva, con el deseo de que ésta fuera una celebración especial por y para mi madre. Mi aportación a lo que entre todos estamos logrando.
Aunque, a su sentir, exigente consigo misma y por ende con los demás, era difícil mantener su nivel, ahí estuvimos, de nuevo, JUNTOS, UNIDOS muy especialmente en este último año. Orgullosos de sentirnos miembros de esta familia a la que pertenecemos: sus hijos, nuestros cónyuges, nuestros hijos y los hijos de éstos. Nietos y biznietos de mi madre que, ahí estuvieron dándole cariño y, cuando se dejaba, arrancándole alguna sonrisa.
Nuevamente las rondas telefónicas, un ir y venir de médicos, un ir y venir de hospital. Sufriendo por ver a mi madre sufrir pero, creedme, feliz, feliz porque todo ello sirvió para algo, para tener claro lo maravilloso que es tener una familia, una familia ASÍ, ¿como pocas? ¿como muchas? no lo sé, pero MI FAMILIA de la que me siento orgullosa de pertenecer. Hermanitos, que esta unión y este orgullo que nuestros padres nos otorgaron, nada ni nadie nos lo arrebate.
Posiblemente éste hubiera sido un buen punto final para mis palabras. Sin embargo no querría pecar de ingrata y no agradeceros a todos los que estáis aquí, y a los que no han podido venir, lo que disteis a mi madre y nos disteis a nosotros mismos:
- Sus vecinos, que os parabais a su encuentro y la teníais en cuenta.
- Sus amigos, que seguisteis llamándola y visitándola aun cuando también era duro para vosotros verla apagarse.
- Nuestros compañeros, conocidos y amigos que también supieron estar a nuestro lado en cada uno de esos y en estos momentos. Amigos que, día a día os hicisteis especiales e importantes en nuestras vidas, fieles y dispuestos a darnos tanto sin otro vínculo que no sea el de la propia y verdadera amistad, de inmenso valor y tan vulnerable a la profanación. Amigos que nos habéis escuchado e incluso nos habéis hecho reír para ayudarnos a aliviar nuestras tensiones y preocupaciones.
- Sus sobrinos, mis primos que, junto con algunos amigos singulares hacen más grande nuestra familia. No dejasteis de mostrarle un cariño excepcional con vuestras llamadas, visitas y atenciones de todo tipo. Lo dicho, mostrando que nuestra familia es grande, grande. La vais a echar de menos, sé que ya la estáis echando de menos. La verdad es que sois unos primos estupendos.
Por supuesto, no sería justo olvidarnos de quien, en este casi último año, estuvo con ella hora a hora, día y noche,… ¿qué podríamos decir de ella? Cuánta paciencia y cuánto amor regalado.
Tengo el convencimiento de que nada de lo que ocurre en nuestras vidas es gratuito. La enfermedad primero de mi padre, después de mi madre, su sufrimiento, no han sido en vano. Nos será difícil dejar de lado la pena y alguna lágrima que, sabremos enjugar si recordamos que ellos nos han ofrecido la oportunidad de descubrirnos a nosotros mismos, sí, he dicho bien, de descubrirnos a nosotros mismos, a nuestra familia y a nuestros amigos.
Aprovechémoslo, mantengámoslo presente y sigamos así, con alegría de vivir con el recuerdo de nuestros padres que nos han otorgado la oportunidad de sentirnos orgullosos y felices de pertenecer a esta GRAN FAMILIA GRANDE.
Confío haber hecho y dicho lo correcto. He llegado hasta aquí, tragando saliva, con el deseo de que ésta fuera una celebración especial por y para mi madre. Mi aportación a lo que entre todos estamos logrando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario