viernes, 3 de julio de 2015

Aruba estás ahí

Me tiembla la mano, ya me lo dijo el médico: «esto es así», ¿o no fue él quien me lo dijo? Estoy contento porque he logrado que no se derramara ni una sola gota. Ella me sonríe, creo que también se ha dado cuenta.

Sus ojos entran en los míos y mi cuerpo se vuelve esponjoso. Baja la mirada a mi taza de café y sigue atenta su trayectoria hacia mis labios. Lo he hecho bien. Ahora no recuerdo su nombre, sé que lo recordaré más tarde, cuando ya no lo necesite tanto como ahora.

Es bella ahora, como ya lo fue de antes. Como ya lo fue en aquel barco en el que la conocí. Julia tenía 16 años y yo 27.

—Julia
 Dime Fran.
 Nada, pensé en ti. ¿Me acercas esas galletas?

Quince días de travesía. Julia se alojó en casa de su abuelo en Madrid, y yo fui el agradable desconocido de aquel barco migratorio que la llevaba a ella, a su madre y hermanas, de regreso a su país; un barco que llevaría a aquel desconocido al inicio de sus vacaciones por Europa.

Europa quedó lejos, me fue suficiente Madrid. Suficiente ver a mi Julia en la Gran Vía saliendo de su academia de inglés. ¿Qué otra cosa podría hacer? Solo 16 años y yo 27.

 ¿Cariño, podrías traerme las gafas? Creo haberlas dejado en la mesilla.


¡Qué linda es! Sus caderas son ahora más anchas, fueron tres hijas las que anidaron en ellas. Ahora su caminar es más lento. Ya hay menos prisa.

Cada tarde de domingo jugué al dominó con el abuelo. Yo la miraba a ella, ella me miraba a mí, y mi cuerpo se volvía esponjoso. No había café.

Seis meses en Gran Vía y seis meses de dominó. El mismo barco regresaría sin ella. ¡Qué lejos estás Aruba! Si al menos pudiera escribirle… «Madre, di que sí, aprenderé más inglés», insistió Julia

 ¿Qué carta me vas a leer hoy?
 Querría leértelas todas, recordar cada uno de mis besos en el papel antes de cerrar el sobre. Querría abrir el buzón y encontrarme con tu letra. Querría volver a decirte todo lo que te dije y escuchar todo lo que me dijiste. Aunque no necesite recordarlo, no quiero olvidarlo. Y aunque no necesites oírlo… hoy también, 50 años después, sigues siendo ella y más que ella. Hoy, 50 años después, vuelves a ser mi primer amor.

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