jueves, 13 de septiembre de 2012

Eclipse

Eran las doce, las doce y diez.

El final de otro día lleno de una nueva vida; de una vida nueva colmada de experiencias,  rebosante de emociones.

Había llegado la noche, el descanso bajo las estrellas. En cada estrella una nueva ilusión, en cada estrella una nueva vida para compartir, y en cada estrella una nueva vida compartida.

En su aparente soledad más estrellas se habían iluminado, y más la iluminaba cada estrella.

Solo le faltaba la Luna; Luna no estaba allí, otros eran los cielos que tenía que adornar. Con su  luminosa redondez…  ¡es tan bonita, Luna, su Luna!

Y sin su Luna, allí estaba ella acurrucada en su desnudez sobre la hierba, envuelta por el murmullo de las hojas a merced del viento, por el gorgoteo del arroyuelo. Allí estaba ella entrando en un sueño profundo. Melodía susurrante;  en armonía con su latir, en armonía con la inspiración y la exhalación de un cuerpo relajado; de una mente, que al fin, descansa.

Llegó la luz y con la luz el calor. Un aire templado le recorría su cuerpo, y templado soplaba de norte a sur y de sur a norte; le envolvió su nuca, despeinó sus cabellos, recorrió sus pechos, abrazó su cintura, acarició sus piernas, se entretuvo en su sexo… Un soplo templado y suave que lentamente la recorría.

El Sol, dedicado a ella, delicadamente la despertaba. La despertaba de su sueño, la conducía al placer. Ella se abandonaba, se dejaba hacer, se dejaba acariciar.

El Sol le regalaba su cálido aliento, su templada caricia. De norte a sur y de sur a norte. El despertar de su flor saludando al Sol, flor de terciopelo abriendo sus pétalos perfumados, pétalos humedecidos por las gotas del rocío.

Respiraba, profundamente respiraba, suspiraba, y su corazón se agitaba. De norte a sur y de sur a norte. El Sol y ella, ella y el Sol. Se agarró a sus rayos, lo abrazó con fuerza, con más fuerza, más fuerza, más… De norte a sur y de sur a norte.

Los árboles, las hojas, el viento, el arroyuelo... languidecieron, y ella... suspiró.

Empezaron las sombras, un falso anochecer llegó. Luna había llegado y tristemente quiso apagar al Sol. Apartó un primer rayo, luego otro, y otro más.  Luna lamentó su ausencia y dando la espalda al Sol, finalmente, la contempló.


La tierra se alborotó, y el Sol se eclipsó.

Feliz Cumpleaños Paco.





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