Hoy he utilizado las últimas gotas
del perfume que me regalaste.
En mi mente aquel papel azul que lo
envolvía, el recuerdo de cómo mis dedos atrapaban nerviosamente la cinta
plateada que lo adornaba, de cómo mis dedos deshacían su lazada bajo tu atenta
mirada. Esa mirada que me hipnotiza, esa mirada que me hace esclava de ti.
Poco a poco, disfrutando de cada
doblez del envoltorio, desvelé el secreto que encerraba bajo de sí y te dediqué
la sonrisa que esperabas. Puse unas primeras gotas sobre mi cuello, viniste
hacia mí y sutilmente te acercaste para disfrutar de su aroma mezclado con el
de mi piel. Suavemente tus labios me acariciaron, tus manos me acercaron a ti,
lentamente.
Tu brazo rodeó mis hombros y me
invitaste a pasear. En el exterior nos esperaba aquella tarde de otoño, tarde
adornada por las copas multicolores de los árboles: hojas doradas, verdes,
pardas...; amalgama de colores regalo de la naturaleza.
Allí estábamos tú y yo acompañados
de aquel viento que nos susurraba y nos invitaba a abrazarnos con más fuerza,
aquel viento que nos invitaba a acurrucarnos el uno en el otro, mi rostro en tu
pecho, tu mejilla sobre mi frente.
El paisaje, el viento, tu abrazo, mi
respiración profunda, nuestros besos deseando que aquello nunca acabara;
deseando que aquello se hiciera eterno.
Desde aquel día, cada mañana, unas
gotas de tu perfume han humedecido mi cuello, mi nuca y mis manos.
Desde aquel día, mi olor era tu
olor. Mi olor era el recuerdo de tu mirada, de tus abrazos, de tus labios. El
recuerdo de placenteras sensaciones. Mi olor era el despertar de ilusiones, mi
ánimo, mi energía.
Hoy he utilizado las últimas gotas
del perfume que me regalaste. Hoy, será el último día que oleré a ti.
Y hoy será el último día porque
además del perfume, también se consumió mi amor. Olvidaste rellenarlo, y el
amor, cariño mío, no se entrega en un solo día.
El amor se entrega cada mañana que
hubiera despertado a tu lado y desperté en solitario.
El amor se entrega cada tarde que
hubiéramos podido pasear juntos y no lo hicimos.
El amor se entrega en cada lágrima
mía que hubiera esperado que tú enjugaras, pero no estabas a mi lado para
hacerlo.
El amor se entrega en cada sonrisa
que hubiera deseado entregarte a ti, y especialmente a ti.
El amor se entrega en cada llamada
que esperaba y no recibía.
El amor, es de cada día, de cada
instante que se vive juntos. De cada día y de cada instante que se desea vivir
juntos. Yo contigo y tú conmigo. Amantes. Otorgándonos ese ansia de vivir y de
sentir la vida.
Ese amor que nos hace entregar todo
y aceptar todo, ese amor de plenitud que nos hace estar seguros de que nada nos
falta, ese amor de plenitud que no deja hueco a otro amor. Amor único en el
tiempo.
Ese amor que ahora se desvanece, o
que posiblemente nunca existió. Quizás un falso amor, el amor de algunos
instantes, el amor atraído por el vacío del hastío y del desamor.
Quizás no fuera el amor esperado, el
amor que aún está por llegar para ti y para mí. Ese otro cuerpo que se
impregnará de tu olor. Ese otro olor que impregnará mi cuello, mi nuca y mis
manos.
Hoy, cariño mío, he utilizado las
últimas gotas del perfume que me regalaste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario