lunes, 12 de noviembre de 2012

Últimas gotas

Hoy he utilizado las últimas gotas del perfume que me regalaste.

En mi mente aquel papel azul que lo envolvía, el recuerdo de cómo mis dedos atrapaban nerviosamente la cinta plateada que lo adornaba, de cómo mis dedos deshacían su lazada bajo tu atenta mirada. Esa mirada que me hipnotiza, esa mirada que me hace esclava de ti.


Poco a poco, disfrutando de cada doblez del envoltorio, desvelé el secreto que encerraba bajo de sí y te dediqué la sonrisa que esperabas. Puse unas primeras gotas sobre mi cuello, viniste hacia mí y sutilmente te acercaste para disfrutar de su aroma mezclado con el de mi piel. Suavemente tus labios me acariciaron, tus manos me acercaron a ti, lentamente.

Tu brazo rodeó mis hombros y me invitaste a pasear. En el exterior nos esperaba aquella tarde de otoño, tarde adornada por las copas multicolores de los árboles: hojas doradas, verdes, pardas...; amalgama de colores regalo de la naturaleza.

Allí estábamos tú y yo acompañados de aquel viento que nos susurraba y nos invitaba a abrazarnos con más fuerza, aquel viento que nos invitaba a acurrucarnos el uno en el otro, mi rostro en tu pecho, tu mejilla sobre mi frente.

El paisaje, el viento, tu abrazo, mi respiración profunda, nuestros besos deseando que aquello nunca acabara; deseando que aquello se hiciera eterno.

Desde aquel día, cada mañana, unas gotas de tu perfume han humedecido mi cuello, mi nuca y mis manos.

Desde aquel día, mi olor era tu olor. Mi olor era el recuerdo de tu mirada, de tus abrazos, de tus labios. El recuerdo de placenteras sensaciones. Mi olor era el despertar de ilusiones, mi ánimo, mi energía.

Hoy he utilizado las últimas gotas del perfume que me regalaste. Hoy, será el último día que oleré a ti.

Y hoy será el último día porque además del perfume, también se consumió mi amor. Olvidaste rellenarlo, y el amor, cariño mío, no se entrega en un solo día.

El amor se entrega cada mañana que hubiera despertado a tu lado y desperté en solitario.

El amor se entrega cada tarde que hubiéramos podido pasear juntos y no lo hicimos.

El amor se entrega en cada lágrima mía que hubiera esperado que tú enjugaras, pero no estabas a mi lado para hacerlo.

El amor se entrega en cada sonrisa que hubiera deseado entregarte a ti, y especialmente a ti.

El amor se entrega en cada llamada que esperaba y no recibía.

El amor, es de cada día, de cada instante que se vive juntos. De cada día y de cada instante que se desea vivir juntos. Yo contigo y tú conmigo. Amantes. Otorgándonos ese ansia de vivir y de sentir la vida.

Ese amor que nos hace entregar todo y aceptar todo, ese amor de plenitud que nos hace estar seguros de que nada nos falta, ese amor de plenitud que no deja hueco a otro amor. Amor único en el tiempo.

Ese amor que ahora se desvanece, o que posiblemente nunca existió. Quizás un falso amor, el amor de algunos instantes, el amor atraído por el vacío del hastío y del desamor.

Quizás no fuera el amor esperado, el amor que aún está por llegar para ti y para mí. Ese otro cuerpo que se impregnará de tu olor. Ese otro olor que impregnará mi cuello, mi nuca y mis manos.


Hoy, cariño mío, he utilizado las últimas gotas del perfume que me regalaste.

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